Piratas del Caribe: El Libro del Destino -Fanfic- Capítulo 12: El Juego del Gato y el Ratón

"¿Y qué tiene que me aproveche de lo que me está ofreciendo? —comenzó a pensar—. Después de todo mi naturaleza inmoral me pide a gritos que tenga una ardiente noche de pasión con él; tengo una gran curiosidad por saber lo que siente una mujer en el momento de hacerlo… Está decidido, me acostaré con él, pero yo seré quien decida cuándo y dónde, y yo seré quien tomará las riendas en esta relación".

—Tengo que irme… —susurró james de pronto mientras apartaba sus labios de los de ella—. Tengo que presentarme ente el gobernador Swann, es hora de iniciar mi jornada…

Jacky no quiso aceptarlo, pero se sintió algo desencantada, había esperado poder divertirse un poco más. El comodoro se apartó suavemente de ella sin apartar su vista del moreno y hermoso rostro de la mujer.

—Vamos a mi alcoba —dijo.

—¿Ya? Pero si quieres irte a trabajar te advierto que a mi me gusta estar durante horas haciéndolo —le replicó mordazmente mientras colocaba sus brazos alrededor del cuello él.

James Norrington se quedó con la boca abierta y se puso tan colorado, que el polvo que usaba para el rostro pareció desaparecer.

—N-no me refiero a eso… —apenas pudo decir—, lo que quiero es que te quedes en mi habitación hasta que yo regrese. No quiero que nadie te vea por ahora, tengo miedo de que te descubra alguien que pueda llamar a la guardia para que te apresen.

—¿Quieres que me quede encerrado… encerrada todo el tiempo en tu habitación? —se cruzó de brazos muy molesta—. ¡Me niego¡Moriré de aburrimiento y de sed¡Yo soy un pirata¡Amo la libertad!

—¡Shiiit¡Lo sé! —trató de calmarla abanicando las manos y mirando nerviosamente hacia la puerta de entrada al salón—. ¡Te prometo que sólo será hasta que yo regrese, confía en mí, por favor!

—Mmm… ¿Podré llevarme la botella de gin?

—Lo que tú quieras.

—¿Lo que yo quiera? —repitió la pirata muy interesada e inmediatamente se dirigió a la alacena y sacó un par de botellas, una era de whisky y la otra de Brandy—. Con esto será suficiente, me quedaré tranquilamente en tu alcoba hasta que regreses.

Se acercó meneándose hasta el sorprendido y arrepentido comodoro y le dijo:

—Estoy listo, digo, lista¿qué le parece si me conduce a nuestro lecho de amor, mi amado Norry?

Norrington suspiró cansadamente y murmuró mientras se dirigía hacia la puerta:

—Espero no arrepentirme más adelante…

Y mientras el oficial espiaba el corredor para cerciorarse de que no habría nadie de la servidumbre que los sorprendiera, Jacky murmuró malignamente sin que éste se diera por enterado:

—Te aseguro que vas a arrepentirte más adelante, amorcito… jeh jeh jeh.

A una seña de James, jacky lo siguió a través del pasillo y subieron sigilosamente por la escalera hasta llegar al primer piso de la casa, en donde había otro pasillo y varias puertas que daban a los respectivos dormitorios. A la pirata nada le pasó desapercibido, todo lo que tuviera de valor lo clasificó en su mente para cuando, llegado el momento de la fuga, lo robaría impunemente.

—Esta es mi alcoba… —susurró el comodoro Norrington mientras abría la puerta e ingresaba con Jacky a la mencionada habitación.

Aquel dormitorio era muy espacioso y estaba todo perfectamente arreglado y en su adecuado sitio; todos los muebles era de fina madera, caoba o pino; una labrada y bien trabajada cama de caoba con sus respectivas mesitas, cubierta por sábanas suaves y blancas; un gran guardarropa de pino; un hermoso espejo de cuerpo completo con los marcos bien elaborados; un tocador con espejo, que tenía peines, cepillos, pelucas, frascos de polvo para el rostro y uno que otro frasco de perfume. Cuadros finos adornaban las paredes y blancas cortinas de encaje cubrían los dos grandes ventanales de la habitación. Aquella era la habitación perfecta para un soltero tan serio como lo era el comodoro Norrington.

—Es… bonita —dijo la pirata mientras miraba a su alrededor inspeccionándolo todo—. Es mejor que mi camarote.

Se dirigió hacia la cama y se lanzó alegremente sobre ella, rebotando un poco.

—¡Wow¡Es un mullido colchón de plumas¡Adoro los colchones de plumas¿Y usted?

A James le hubiera gustado decir que adoraba verla allí, pero como era un caballero bastante serio y pudoroso, prefirió guardarse aquella opinión para sí mismo.

—Si tanto te gustan, tendrás uno en tu habitación, te lo prometo —le dijo mientras se acercaba a la cama.

La capitana del Perla Negra se le quedó mirando por unos instantes, confirmando una vez más que aquel hombre era un tonto romántico y que le daría todo lo que ella (o él) deseara. Tenía la apuesta totalmente ganada, pues ya había pensado un plan perfecto para sacar a su querido hermanito del camino y ser el único (o la única), capitán del Perla Negra. Pero antes de eso, tenía que divertirse con su caballo-caballero.

Sin que el pobre oficial se lo esperara, la pirata lo tomó de la manga de la casaca y lo tironeo fuertemente haciéndolo perder el equilibrio y caer en la cama junto a ella. Rápidamente Jacky se le subió encima y lo tomó de las muñecas, con cuidado de no apretarle la que tenía lastimada.

Con sus manos a cada lado de su cabeza, el comodoro James Norrington miraba sorprendido a la atrevida capitana.

—No me negará que estaba buscando esto cuando me trajo hasta su casa, comodoro —le dijo sonriendo de oreja a oreja.

—… Yo… la verdad… yo… —balbuceaba mientras se ponía cada vez más y más colorado.

—Yo también lo he estado buscando¿sabe? —fue la sorprendente declaración de Jacky mientras se abalanzaba sobre él y comenzaba a besarlo suavemente por todo el rostro. James no hizo nada para evitarlo, solamente cerró los ojos y la dejó hacer lo que ella quisiera. No entendía muy bien el por qué, pero aquella mujer lo inhibía completamente a pesar de que él ya había estado con otras mujeres. Jacky tenía tanto poder sobre él, que lo hacía sentir tan inocente como un jovenzuelo, y eso le gustaba.

Jacky, con su extenso pasado romántico como picaflor masculino, sabía amar como un hombre, no como una mujer, y, acostumbrado a llevar las riendas de la pación, le enseñaba algo nuevo a aquel aburrido oficial de la armada, que para el deleite de nuestra protagonista, le encantaba ver cómo respondía a sus muestras de amor.

Comenzó a besarlo con más pasión y él ya estaba respondiendo a sus ardientes besos, pero Jacky abandonó su boca para luego empezar a besarle la barbilla y el cuello, haciéndolo gemir de placer.

—… Sé muy bien que querías esto… —le susurró al oído para luego morderle suavemente el lóbulo de la oreja—…, y te prometo que jamás en tu vida volverás a sentir lo que yo te haré sentir…

Volvió a su boca, besándolo con mucha más pasión que antes, mordiéndole suavemente el labio inferior, luego recorrió otra vez todo su rostro para luego volver a su cuello. Completamente excitado, James inclinó la cabeza para permitirle abarcar más con sus caricias, Jacky, sonriendo al ver aquella actitud de sumisión, aprovechó su entrega para besar todo su cuello.

Comentarios